Nunca llegas descansado a tu destino por estas 7 razones - Opulenco

Nunca llegas descansado a tu destino por estas 7 razones

Nunca llegas descansado a tu destino por estas 7 razones - Opulenco

Los viajes largos pueden pasar factura a tu cuerpo: horas sentado, cambios de horario y el aire seco del avión suelen traducirse en cansancio extremo y jet lag. Sin embargo, con algunos trucos sencillos es posible minimizar estos efectos.

Basados en la experiencia de pilotos de aerolínea y viajeros frecuentes, aquí tienes 7 consejos para que puedas llegar descansado, incluso después de cruzar medio mundo.

1. Descansa bien antes de partir

Puede sonar obvio, pero muchos viajeros llegan al día del vuelo ya cansados por las prisas de preparar todo a última hora. Intenta dormir lo suficiente las noches anteriores a tu viaje.

Organiza tu equipaje con tiempo y evita trasnochar en la víspera. Llegar al aeropuerto descansado es el primer paso para no acumular fatiga antes incluso de despegar.

2. Prepara un kit de descanso para el viaje

Una buena almohada de viaje puede marcar la diferencia en un vuelo largo. También un antifaz para bloquear la luz y tapones para los oídos o auriculares con cancelación de ruido para aislarte del jaleo de la cabina.

Lleva ropa cómoda y por capas (por ejemplo, una sudadera ligera) por si hace frío en el avión. Este kit te ayudará a crear un ambiente propicio para dormir, incluso viajando en clase turista.

3. Elige bien tu asiento

Siempre que sea posible, reserva con antelación un asiento que favorezca tu descanso. Si prefieres dormir sin interrupciones, la ventanilla suele ser mejor: podrás apoyar la cabeza y nadie te molestará para levantarse. Si necesitas estirar las piernas con frecuencia, el pasillo te permite levantarte cuando quieras. 

Evita los asientos cercanos a los baños o a los galleys (las áreas de servicio), donde hay más ruido y tránsito de personas. SeatGuru te sugiere los mejores asientos para cada vuelo.

4. Muévete e hidrátate durante el vuelo

Aunque tu objetivo sea dormir la mayor parte del vuelo, no olvides levantarte a estirar las piernas de vez en cuando. Realiza pequeños estiramientos en tu asiento o pasea por el pasillo cada 2–3 horas para reactivar la circulación y evitar entumecimiento muscular.

Además, mantente bien hidratado: el aire de la cabina es muy seco y puede deshidratarte sin que lo notes. Bebe agua regularmente y modera el consumo de café, té o alcohol (que pueden alterar tu sueño y deshidratarte más).

5. Ajusta tu reloj interno al destino

Para minimizar el efecto del jet lag, comienza a adaptarte al horario de tu destino lo antes posible. Si cuando llegues será de noche, intenta dormir en el avión; si vas a aterrizar de día, es mejor mantenerse despierto durante el trayecto. Puedes incluso cambiar la hora de tu reloj (o la del móvil) al horario del destino al embarcar, para ir mentalizándote.

Una vez llegues, expónte a la luz natural (ayuda a reajustar tu ritmo circadiano) y trata de seguir los horarios locales de comidas y sueño desde el primer día. Puedes apoyarte de apps como Timeshifter.

6. Evita las comidas pesadas y la cafeína

La alimentación influye en cómo te sientes durante y después del viaje. Antes y durante el vuelo, elige comidas ligeras y fáciles de digerir.

También modera la cafeína y el alcohol: aunque una copa de vino pueda relajarte al principio, el alcohol empeora la calidad del sueño y deshidrata. Del mismo modo, demasiado café o bebidas energéticas pueden dificultar que duermas cuando lo necesitas.

Opta mejor por agua, infusiones o jugos naturales, y come algo ligero. Tu cuerpo te lo agradecerá al aterrizar.

7. Tómate un tiempo para recuperarte al llegar

Una vez en destino, date permiso para recuperarte del viaje. Si el horario lo permite, échate una siesta corta (20–30 minutos) para reponerte sin caer en un sueño profundo que empeore el jet lag.

Una ducha caliente y un rato de relax al llegar al alojamiento pueden hacer maravillas tras muchas horas de vuelo. Lo ideal es no tener una agenda frenética justo el primer día. Dedica ese tiempo a acomodarte, dar un paseo tranquilo o cenar algo ligero.

En resumen...

Un vuelo largo no tiene por qué traducirse en días de fatiga. Con la preparación adecuada antes, durante y después del viaje, podrás aprovechar al máximo cada aventura desde el momento en que aterrizas.

Sigue estos consejos y notarás la diferencia: viajarás más cómodo, llegarás con las pilas cargadas y estarás listo para disfrutar de tu destino desde el minuto cero.

¡A volar se ha dicho!

 

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